Júpiter I

Esta es la historia de Júpiter, una chica que murió en extrañas circunstancias  un 25 de agosto del año 1996, fue un pescador quien la encontró muerta esa fría mañana en la playa, al voltear el cuerpo lo que vio fue suficiente para salir corriendo y llamar a la guardia costera. El caso se investigó por 6 meses sin resultados, luego de eso y por falta de recursos fue archivado. Este hecho fue de gran revuelo en el  pequeño pueblo costero de Petrilla, como podrán imaginar todos se conocían e indudablemente la muerte de la joven afectó a sus habitantes, de un día para otro el pueblo se había transformado en el centro de las noticias nacionales, llegaron periodistas, canales de noticias, turistas y curiosos. En los lugareños existía un hermetismo singular respecto a la muerte de la joven, ningún vecino quiso hablar, las personas se escondían o esquivaban a la prensa como podían, las señoras cerraban sus puertas y cortinas disgustadas, con el tiempo la noticia de la joven había perdido el interés para los extranjeros y poco a poco Petrilla volvió a la calma. Sin embargo para su tía abuela el caso seguía sin resolver, ella exigía justicia, había tocado todas las puertas pero la tristeza y el desamparo la agotaron, con el tiempo decidió no salir de su casa, de vez en cuando se le veía en el ante jardín, habían pasado 4 años desde el momento en que le avisaron sobre la muerte de su nieta, días después del cuarto aniversario su vecina alertada por el olor nauseabundo y aullido de su gato decidió visitar a la anciana, la encontró muerta en su cama abrazada a la fotografía de Júpiter, con el tocadiscos encendido y una carta que luego de ese día nunca más se volvió a ver. Pasaron 10 años, hasta que los padres de Ivanna compraran, sin saber, la casa de Júpiter y su tía abuela, nada les pareció extraño, inclusive el valor de la casa, más barato de lo que nunca pensaron encontrar.

Sin embargo esta historia comienza dos años antes, cuando Júpiter tenía 17 años y era una alegre chica que vivía en el aburrido pueblo costero de Petrilla

Comencemos hablando de Júpiter, nunca se quedaba tranquila frente a algún misterio, sospecha o duda, cuando tienes 17 años el mundo es un gran signo de interrogación y ella necesitaba saber el por qué de cada cosa. La biblioteca era su centro de operaciones, una vez su tía abuela le dijo “la explicación está en los libros, ahí encontrarás respuestas y aprendizajes para el alma”, siguiendo este consejo, de un momento a otro comenzó a devorar todos libros que por alguna cosa le parecían interesante, sin ir más lejos fue cuando se encontró con un libro poco usual cuando comenzaron los problemas. Pero antes de comenzar a desenredar el  misterio que rodea la muerte de Júpiter, podríamos decir que a pesar de su alegría pocas veces se la veía acompañada y no faltaba quien la había visto sólo con Anselmo, su perro, eran inseparables y según decían tenían casi la misma edad, Júpiter a ratos era esquiva y pocas veces saludaba o se despedía, no hablaba mucho y tenía una mirada penetrante que a muchos intimidaba.

A pesar de todo contaba con ciertas cualidades que la hacían ser una chica atractiva, eso si, sólo para aquellos ojos que podían leer más allá de las engañadoras apariencias, por ejemplo se veía que no le importaba mucho lo que pensaran de ella, había leído tanto que su mirada hacia el mundo era inusual al resto, podía conversar de temas diversos, era perspicaz y amable con las personas con quienes quería hacerlo, admiradora de la naturaleza y la fotografía, se juntaba con los seres más extraños: la señora Gertrudis que vendía libros usados en la plaza era su amiga al igual que el vendedor de antigüedades de la Avda. Almeida, le encantaba pasar las tardes de domingo junto a su tía abuela. Además de estudiar, trabajaba atendiendo un café frente a la plaza central, posición estratégica que le permitía investigar a los demás manteniendo las apariencias, contaba con una libreta donde hacia sus anotaciones en cualquier lugar donde la emergencia del pensamiento fugaz y las ideas lo meritaban, misma libreta que encontró Ivanna dos semanas después de haber llegado a la casa.

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Acerca de viajeraerrante

Habito en la periferia de una ciudad caótica. Detesto el desorden aunque vivo en el gran parte de los 365 días del año. La música ha sido mi fiel compañera por más de 15 años. A los 14 encontré el gusto por la lectura y no he parado desde entonces. Prefiero las cosas dulces a las saladas y logré hacer del té una experiencia cotidiana. Caminar es la mejor forma de ordenar mis ideas. A veces veo buenas películas, de esas que te hacen tener ganas de escribir. La lluvia sólo me hace feliz cuando estoy con una taza de chocolate/café o té caliente bajo techo.
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