no es nada fácil.

“No queremos que nos persigan, que nos prendan, ni que nos discriminen, ni que nos maten, ni que nos curen, ni que nos analicen, ni que nos expliquen, ni que nos toleren, ni que nos comprendan: lo que queremos es que nos deseen.”

Néstor Perlonghe

“hasta que todas y todos seamos libres” gritábamos en las calles, unidas por la convicción de que este sistema patriarcal y neo-liberal tan visible, material, legible y al mismo tiempo etéreo y abstracto tenía sus días contados. Por la tarde con un cigarro en la mano y el café al lado comentábamos nuestro día, hablamos de cuan cagadas estábamos por el trabajo, los hombres y la familia. Nosotras que manejamos un lenguaje privilegiado y un discurso tan consciente y crítico no hacíamos visibles nuestros miedos, nos sentíamos seguras y elocuentes al hablar, no nos dejábamos intimidar por nadie y por sobre todo nunca, pero nunca los demás nos verían vulnerables, mínimas, pequeñas, tímidas o inseguras y bajo esa seguridad que demostrábamos se escondían nuestras terribles contradicciones cotidianas.

Nosotras que nos queríamos tanto, deseantes de eliminar cualquier brecha y construir otro mundo mientras tomábamos lo que nos restaba del café y enrolábamos el último papelillo. Sin embargo todo centro tiene su periferia y en este caso están esos otros y otras, maricones a quienes  pensábamos defender pero que en el cotidiano nos acomoda su inferioridad, su anormalidad era sujeto de estudio y el espejo de toda desdicha. Inmediatamente situábamos su rareza al centro de nuestra conversación con la impetuosa necesidad de desarmarla y definirla bajo NUESTROS términos. Vienen las risitas, las bromas y todo ese lenguaje acusador. A pesar de que estamos en esos tiempos modernos en que son los menos quienes tienen aversión por un beso de maricones en la calle, frente a toda insinuación que des-estructura  este orden se articula frete a la demanda a ser definido, a ser desarmado para el regocijo de algunos, sometidos a una auto-disección voluntaria para ser comprendidos, vueltos armar pero ya desde nuestro lenguaje, bajo nuestras reglas del juego, qué manera más sutil de demostrar el poder.

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Acerca de viajeraerrante

Habito en la periferia de una ciudad caótica. Detesto el desorden aunque vivo en el gran parte de los 365 días del año. La música ha sido mi fiel compañera por más de 15 años. A los 14 encontré el gusto por la lectura y no he parado desde entonces. Prefiero las cosas dulces a las saladas y logré hacer del té una experiencia cotidiana. Caminar es la mejor forma de ordenar mis ideas. A veces veo buenas películas, de esas que te hacen tener ganas de escribir. La lluvia sólo me hace feliz cuando estoy con una taza de chocolate/café o té caliente bajo techo.
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