Un Acto Racional

Una vez conocí a un chico que había calculado las probabilidades de encontrarse con quien fuera su primer amor, este chico se llamaba Efrain, y sin más, como una necesidad imperiosa de sacarse esa historia de su cabeza comenzó preguntándome si creía en las probabilidades, yo le dije, claro que sí… mientras dirigía mi mirada hacia él con extrañeza y curiosidad. Efrain con una sonrisa se percató de mi atención, luego comenzó a contar: … tenía al rededor de 17 años y la relación con Octavio había terminado súbitamente por un malentendido, que el derivaba a los celos de adolescencia. Recordaba con nostalgia que Octavio había sido ese primer amor pasional e infinito que se llevó consigo parte de su adolescencia, tiempo después, y de un día para otro se marchó a otra ciudad, no se despidió ni dejo nota alguna que pudiera dar luces de un futuro encuentro.

Efrain me contaba esta historia mientras seguíamos fumando en la asotéa de Facundo, luego de una pausa a causa de la tos, dijo que desde entonces  se había transformado en un chico indiferente, no tenía amigos y muchos le rehuían por considerarlo engreído. Se centró en sus estudios y fue luego de una clase de estadística  que pensó en las probabilidades de volverse a encontrar con Octavio, pero no como un acto inverosímil que pudiese suceder o no, sino como una posibilidad concreta de encontrarse con él en esa misma esquina.

Llegado este punto de la conversación comenzó hablar sobre el transfondo de las ecuaciones, cálculos y matemáticas con una pasión que sólo un entendido podría tener, luego de ese rodeo entre filosofía y números, Efrain logró calcular que las probabilidades de encontrarse con Octavio eran de una en trescientos sesenta y cinco mil. Frente a tal revelación no podía siquiera imaginar algún escenario posible que desafiara las leyes de las probabilidades para tener la esperanza de volverse a encontrar y en un segundo todo se derrumbó… sólo una vez en trecientos sesenta y cinco vueltas al sol, sin duda faltaban vidas y mundo!! le terminé diciendo que las matemáticas eran injustas y que la racionalidad también, podía ser que nunca más se encontrase con Octavio pero indudablemente se volvería a enamorar. Esas palabras llegaron tanto a él como a mi en ese momento, sólo nos miramos y decidimos tácitamente volver a compartir la cerveza, el humo y las estrellas.

Anuncios

Acerca de viajeraerrante

Habito en la periferia de una ciudad caótica. Detesto el desorden aunque vivo en el gran parte de los 365 días del año. La música ha sido mi fiel compañera por más de 15 años. A los 14 encontré el gusto por la lectura y no he parado desde entonces. Prefiero las cosas dulces a las saladas y logré hacer del té una experiencia cotidiana. Caminar es la mejor forma de ordenar mis ideas. A veces veo buenas películas, de esas que te hacen tener ganas de escribir. La lluvia sólo me hace feliz cuando estoy con una taza de chocolate/café o té caliente bajo techo.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s