Viaje al fondo de las letras

Si me hubieses buscado en la escuela, de seguro me encontrarías en la biblioteca leyendo un libro o el diario o una revista o simplemente conversando con la bibliotecaria, en ese tiempo ya tenía curiosidad por las historias, y a pesar de que hoy pienses que soy una lectora frecuente, no siempre fue así, pero esa es otra historia y ahora estoy aquí para hablar sobre bibliotecas. Para mi la biblioteca fue y sigue siendo un lugar seguro, una cueva tibia donde los libros y el silencio hacían que me olvidase donde estaba, también por razones de sobrevivencia puesto que me hacia estar fuera del radar de fastidiosos, ahí nadie molestaba y podía estar tranquila haciendo cualquier cosa menos que estar fingiendo con otros. Con el pasar del tiempo la biblioteca se transformó en un hogar, ya había entrado a la universidad así que pasaba mucho tiempo en ella inclusive mis visitas eran tan cotidianas que se habían transformado en parte de mi rutina diaria, ya la gente me conocía y yo a ellos/as, dejaba mis cosas en la misma mesa de siempre y sin temor de que me las pudiesen robar iba en busca de mi café, sacaba mis galletas mientras instalaba los textos, lápices y el ordenador, sin duda lo que más me gustaba era la comodidad que ofrecía.

A pesar de que hoy en día las bibliotecas se consideren algo monótonas déjame aclarar que no es así, ahí, si eres observadora podrás apreciar a los seres más extraños, gente que se refugiaba en los libros, digamos, de cierta forma, que los libros siempre acompañan a las/los inadaptados o simplemente las bibliotecas están ahí para ser un lugar seguro donde guarecerse, esto hacia que pudiese presenciar las escenas de amor más dulces de la adolescencia, también de dolor y llanto, episodios de esquizofrenia, la risa histérica de las prostitutas, mendigos orates y mal olientes, solitarios disfrutando de alguna revista, gente esperando y esperando, jóvenes que no les importa nada, otros/as leyendo a escondidas, personas que al igual que yo hacían de la biblioteca su hogar.

Nada de raro es que terminase trabajando en una, como me dijo una amiga “de usuaria a colega”, y así fue!, trabajé por tres años en la biblioteca de mi pueblo en la periferia de la ciudad, no había mucho espacio, eso hacía que las estanterías se encontrasen en el subterráneo de la casona antigua que había sido adaptada como biblioteca, esto hacía que el orden y la cantidad de libros fuese un misterio que sólo quienes trabajábamos ahí sabíamos, con el correr del tiempo me había aprendido el lugar preciso de algunos libros, por lo menos los más solicitados, y me había topado con mas de una sorpresa, y no, no encontré ninguna enciclopedia apócrifa que daba las puertas hacia otra dimensión o una historia sin fin donde había que salvar un mundo perdido, menos el mapa de algún misterio o la confesión de algún crimen.

biblioteca

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Acerca de viajeraerrante

Habito en la periferia de una ciudad caótica. Detesto el desorden aunque vivo en el gran parte de los 365 días del año. La música ha sido mi fiel compañera por más de 15 años. A los 14 encontré el gusto por la lectura y no he parado desde entonces. Prefiero las cosas dulces a las saladas y logré hacer del té una experiencia cotidiana. Caminar es la mejor forma de ordenar mis ideas. A veces veo buenas películas, de esas que te hacen tener ganas de escribir. La lluvia sólo me hace feliz cuando estoy con una taza de chocolate/café o té caliente bajo techo.
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